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McCree Spray - Take It Easy
"Nadie se mueva..."

Este artículo es una copia exacta y/o traducción de una publicación oficial por parte de Blizzard Entertainment, evita editarlo. Para ver el articulo original presiona aqui.

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Publicado por Olympia Shaw en Junio 7, 2016

Recuerdo el día que Jack Morrison murió. Fue el día que el mundo perdió un héroe.

Al igual que los otros miembros de la llamada "Generación Overwatch", pasé mi infancia admirando a Morrison. Él me mostró que los héroes eran reales. Me hizo creer que hasta yo podría serlo. Cuando murió en circunstancias misteriosas seis años atrás, sentí que parte de mi infancia murió con él.

Nunca hubo muchos detalles sobre su muerte, lo cual me pareció extraño, ya que era una figura pública. Quizás sea por eso que, después de tanto tiempo, ahora esté analizando la vida de Morrison y preguntándome algo importante: ¿qué fue lo que realmente le sucedió al hombre que definió a mi generación?

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Mientras viajas por la zona rural del estado de Indiana, es fácil olvidar que una figura monumental como Jack Morrison vino de un lugar tan tranquilo y olvidado en el tiempo. Un mar de tallos verdes y dorados de maíz cubre todo el horizonte. No hay viento ni ruido, excepto por el zumbido de algunos cuantos insectos. En las pocas ocasiones en las que me cruzo con otras almas, estas describen al pequeño Morrison de diferentes maneras. Era un niño revoltoso. Un humilde y confiable hijo de un granjero. Pero todas estas personas concordaban en algo: Morrison no estaba destinado a pasar el resto de sus días en la tierra de llanuras ondulantes y cielos muy azules.

A los dieciocho, Morrison hizo sus maletas y se unió al ejército. Tenía planeado servir un breve tiempo en las fuerzas armadas y luego volver a su casa, la granja familiar, pero su ética de trabajo y valor llamaron la atención de los altos mandos. En poco tiempo, obtuvo una codiciada posición en el controversial y clasificado (pero ya reconocido) "Programa de Mejora de Soldados" del gobierno. Los científicos militares convirtieron a Morrison y otros voluntarios en los soldados perfectos, bendecidos con velocidad, fuerza y agilidad sobrehumanas.

Morrison y los otros soldados mejorados pronto pondrían sus habilidades en uso con la llegada de la Crisis Ómnica. Los omniums se rebelaron y produjeron legiones de robots militarizados en masa por todo el globo. El mundo quedó estupefacto ante la aparición de este nuevo enemigo. Los omniums y sus poblaciones de robots originalmente se habían construido para impulsar la industria y crear igualdad económica global. Ahora, estas maravillas de la ciencia moderna intentaban derrocar a la raza humana, como una de las mayores amenazas para la supervivencia de nuestra especie desde la Guerra Fría del siglo XX.

Mientras que los gobiernos fallaban en sus intentos por neutralizar a las máquinas, las Naciones Unidas estaban ocupadas creando una fuerza internacional llamada Overwatch (organización). Este pequeño grupo experimental reuniría a los mejores y más brillantes individuos de todo el mundo para librar una guerra asimétrica contra los robots. La exclusiva lista de agentes potenciales de Overwatch incluía a dos miembros del programa de mejora de soldados: Morrison y Gabriel Reyes, un oficial de alto rango. Reyes, un veterano muy respetado y experimentado, creció en un lugar que nada tiene que ver con la Indiana rústica: el crisol urbano enorme de Los Ángeles. A pesar de sus diferencias, los dos soldados se hicieron amigos. Su decisión de unirse a Overwatch cambiaría al mundo, para bien y para mal.

El liderazgo de Overwatch estaba en manos de Reyes, pero a la larga, Morrison tendría un mayor impacto en el grupo. Lograba que toda la gente a su alrededor diera lo mejor de sí, y ayudó a moldear a los diversos (y a veces conflictivos) agentes de Overwatch en una fuerza de combate uniforme. Unidos, encontraron la fuerza para derrotar a los robots y ponerle fin a la Crisis Ómnica.

"Incluso yo tenía dudas sobre si Overwatch tendría éxito", dijo la subsecretaria general de la ONU, Gabrielle Adawe, una de los arquitectos clave de Overwatch, poco después del fin de la Crisis Ómnica. "Pero Morrison nunca se rindió. No solo llegó a nuestras expectativas sobre lo que Overwatch y sus agentes podrían lograr; las sobrepasó".

Como recompensa por sus contribuciones, la ONU nombró a Morrison como el primer comandante oficial de Overwatch. Reyes fue ignorado en el proceso y esto creó un conflicto entre los dos que tendría graves consecuencias.

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Después de la Crisis Ómnica, Overwatch experimentó un ascenso meteórico en prominencia. Nuevos recursos y financiación le dieron a la organización, ahora pública, una influencia mundial muy extensa. El mundo celebró a los agentes de Overwatch como héroes, sobre todo a Morrison. Se convirtió en el rostro de Overwatch, un símbolo de esperanza y promesa, desde las calles empedradas de King's Row, hasta los sofocantes mercados nocturnos de Bangkok.

El comandante Morrison concibió un nuevo y brillante futuro para la humanidad. Bajo su liderazgo, Overwatch sirvió como una fuerza mundial para la paz y un motor de innovación. Hizo avances en campos científicos tan variados como la exploración espacial y la investigación médica. Pero aunque Overwatch tenía cada vez más poder, Morrison seguía dedicado a la gente a su alrededor. Entrenó a nuevos agentes y les inculcó las metas y los ideales nobles de Overwatch. En el funeral de Morrison, Reinhardt Wilhelm, uno de los miembros originales del grupo, dijo: "Dedicó todo su ser a Overwatch. Era nuestro corazón. Nuestra inspiración. Nuestro amigo".

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Morrison y sus compañeros abrieron paso a una era de paz y prosperidad sin precedentes, pero no duraría. Dos décadas después de que Overwatch le pusiera fin a la Crisis Ómnica y salvara a la humanidad, todo se vino abajo debido a una serie de acusaciones escandalosas: misiones importantes fallidas debido a negligencia, corrupción y mala administración, proliferación de armas, abusos de los derechos humanos y más.

Un comité especial de la ONU lanzó una investigación larga y secreta sobre estos alegatos. La investigación resultaría en el desmantelamiento de Overwatch, y sus agentes que alguna vez fueron amados, se convertirían en objeto de burla y sospecha en los medios. Pero antes de que eso sucediera, otra tragedia golpearía a Overwatch y sería la última convulsión de esta organización llena de problemas.

En el momento en que procedía la investigación de la ONU, la base suiza de Overwatch fue destruida en un aparente accidente. Entre los muertos estuvieron Morrison y Reyes. La ONU afirma categóricamente que no hubo actos delictivos detrás de este evento. Sin embargo, una fuente anónima me dio acceso a informes clasificados de la ONU y otros datos que brindan otra versión de los últimos días de Overwatch.

Estos registros indican que una rebelión destruyó al grupo desde adentro. Por un lado estaba Morrison, decidido a que Overwatch siguiera unida. Por el otro estaba Reyes, cuyos planes aún se desconocen. Estos hombres llevaron a cabo una batalla en lo profundo de la base de Overwatch. En cierto punto, la pelea desató una explosión que destruyó el complejo y arruinó los sueños de toda una generación.

Según los antiguos agentes de Overwatch, este resultado era inevitable. "Después del ascenso de Morrison a comandante, su relación con Reyes cambió", dijo la Dra. Angela Ziegler, directora médica de Overwatch, en una audiencia con el comité de la ONU. "La tensión creció más con el paso del tiempo. Intenté enmendar las cosas. Todos lo intentamos. A veces, cuando los lazos más fuertes se rompen, lo único que puedes hacer es rezar para que no quedes en medio de la pelea".

Los datos de la ONU además revelan algo todavía más perturbador: nunca se recuperó el cuerpo de Morrison.

Esta revelación podría explicar una serie reciente de robos y ataques de gran notoriedad que domina las noticias. Un justiciero enmascarado al que las autoridades denominan "Soldado 76" es el principal sospechoso en estos incidentes. Además de haber bombardeado oficinas corporativas e instituciones financieras en los Estados Unidos, esta persona irrumpió en varias bases antiguas de Overwatch. El Soldado 76 robó tecnología valiosa de estos lugares, como armas experimentales, y provocó un sinfín de daños en el proceso.

He escuchado varias teorías de que el Soldado 76 es Jack Morrison; teorías que alguna vez habría descartado como ficción. Pero, según lo que he visto, ahora creo que podrían ser verdad.

Los oficiales de la ONU se negaron a comentar sobre la identidad del Soldado 76. Sin embargo, el personal de seguridad que estuvo presente en los robos de la base antigua de Overwatch, describió al atacante como alguien con mucho conocimiento en tácticas de operaciones encubiertas. Los videos de seguridad del Soldado 76 lo muestran realizando hazañas de fuerza y resistencia sobrehumanas. A petición mía, el notable especialista forense Dr. Amir Nejad, analizó estos videos. Determinó que el Soldado 76 tiene la misma altura y contextura que Morrison en su última aparición pública.

Si el Soldado 76 es realmente Morrison: ¿qué está haciendo y por qué?Editar

La veracidad de los alegatos presentados contra Overwatch hace años todavía es una cuestión controvertida. Algunos historiadores y comentaristas políticos cuestionan los motivos de quienes presentaron los cargos de corrupción contra el grupo en primer lugar. ¿Acaso el Soldado 76 está en una misión para vengar la caída de Overwatch y restaurar su nombre? ¿Está tratando de revelar una conspiración enorme que desacreditó y destruyó a Overwatch? ¿O tan solo es un soldado viejo y amargado, aferrado a la gloria perdida y que pelea en una guerra fantasma que cree que todavía continúa?

Incluso yo, miembro de la Generación Overwatch, sé que las más altruistas de estas posibilidades no son más que fantasía. Las actividades imprudentes del Soldado 76 y su disposición a poner las vidas de inocentes en riesgo prueban que no está motivado por intenciones nobles. Solo es un hombre que actúa en base a sus propios intereses; otro villano como los déspotas y los criminales internacionales que aterrorizan a nuestras comunidades todos los días.

Al estar parada frente a la tumba de Jack Morrison en el Cementerio Nacional de Arlington, recuerdo la serenidad y calma de la Indiana campestre. Al igual que el mar de tallos de maíz, las filas de lápidas color marfil parecen cubrir toda la superficie.

En este lugar de reflexión y memorias agridulces, me doy cuenta de que el Soldado 76 no es el Jack Morrison que conocí en mi infancia. El Morrison que conocí no se escondería tras una máscara. No plantaría bombas ni robaría armas mientras el mundo sufre otro año de guerra y dolor.

Ese Morrison fue enterrado aquí, seis años atrás. Todo lo que queda es la sombra del héroe que alguna vez conocimos.